"Lo que necesitamos son libros que hagan en nosotros el efecto de una
desgracia, que nos duelan profundamente como la muerte de una persona a quien
hubiésemos amado más que a nosotros mismos, como si fuésemos arrojados a los
bosques, lejos de los hombres, como un suicidio;
un libro tiene que ser el hacha
para el mar congelado que llevamos dentro
."

Franz Kafka


miércoles, 22 de abril de 2009

Una mente brillante



Jaime viene nuevamente a darnos la buena nueva, diría seguramente Julio Cotler -al respecto véase el tremendo cariño que le propinó con ocasión de la publicación de su libro: "la revolución capitalista en el Perú": http://www.youtube.com/watch?v=935LKOuri54-. Hace algunos minutos el ilustrado periodista - y no lo digo necesariamente por la Ilustración- abordó en una entrevista el tema de las nuevas sanciones administrativas relativas a las faltas de tránsito.


Jaime de Althaus usó como argumento central el efecto pernicioso que generarán las altas multas que de ahora en adelante se aplicarán a quienes se pasen una luz roja o manejen con un porcentaje mayor al 0.5 gramos de alcohol por litro de sangre. Según Jaime, el peruano "promedio" no puede pagar multas de S/. 350 en el primer caso y de S/. 1,400, para el segundo, razón por la cual se verá incentivado a coimear a los policias. Su primera propuesta fue la siguiente: bajar las multas para no hacer atractiva la coima -¿cómo si ya no fuera suficientemente atractiva?-. Su segunda propuesta -con crítica airada previa a su entrevistado-: elevar el mínimo del porcentaje de alcohol en la sangre a 0.8 (como en Suiza, aunque esto por supuesto no lo sabía Jaime), pues según el preocupado periodista "0.5 podría hacer que sancionen a quien maneje habiendo tomado apenas una cerveza!!".


La idea de que elevadas multas no pueden establecerse en un país donde el promedio de la gente no cuenta con ingresos suficientes que puedan hacer frente a su pago sin poner en riesgo su "economía personal", es un argumento plenamente válido y no necesita de apelar a otros. El problema es que, y esto probablemente sí sea una noticia para Jaime, nuestro ordenamiento no exige que quienes no puedan pagar sin poner en riesgo su propia subsistencia económica, efectivamente paguen dichas multas. Por lo tanto el problema de los altos montos queda abierto para quienes sí pueden pagarlo. Pero eso no es todo, para De Althaus no es concebible que en Miami la multa sea US$100 y en el Perú sea más caro pasarse la luz roja! Parece un buen punto, al menos impacta. A esas alturas el entrevistado apeló a serenarse y explicar que en Miami el índice de accidentes no le llega ni a los talones al índice peruano, al menos en algo estamos punteando la tabla, pensé.


La disuasión a través de las multas y las penas en general es un tema que en el derecho se ha tocado tanto como en otras disciplinas tales como la psicología y hasta la economía. Este no es el lugar ni tampoco la hora para explayarnos resumiendo las principales posiciones. Traeremos a la mesa tan sólo una regla de oro: la sanción debe hacer que resulte más beneficioso para el sujeto, cumplir la regla que incumplirla. Así las cosas, si incluímos sólo a los que pueden pagar las multas sin quedar fuera de juego, parece que la premisa de Jaime apoya la medida adoptada de subir las multas: quienes puedan pagarlas sufrirán más en el bolsillo que antes.


La crítica realizada por De Althaus no es muy sólida cuando apela al incentivo de la coima. Efectivamente siempre será más útil coimear a alguien pudiendo pagar la multa, que pagarla efectivamente. Sin embargo, ¿es realmente un argumento que desvirtua la idea de multas altas? Al parecer no. La idea de transgedir las normas y coimear se aplica tanto a supuestos donde la multa es de S/. 300 como a supuestos donde es S/. 200 o menos. (i)Siempre que alguien esté dispuesto a coimear, (ii) siempre que un policía esté dispuesto a ser coimeado, y (iii) siempre que el dispuesto a coimear ofrezca menos de lo que le cueste la multa, entonces será realizable dicha coima.


El problema no es tanto el de los montos sino el del enforcement de las reglas que ya existen. La coima no puede ser un argumento, no debe serlo. La consiga debe ser la incorruptibilidad de los policías, y la tarea del estado para que esto sea una realidad es un imperativo más necesario que nunca. Mejores sueldos, camapañas publicitarias, y sobre todo cambiar la actitud de algunos miembros de la policía -pues no puede tampoco meterse a todos a un mismo saco- son tareas mínimas que ayudarían a resolver el problema que tanto nos preocupa a todos.


Otro tema distinto, y que es pertinente traer a colación, es el de la preocupación por el endurecimiento de las penas como única medida del Estado. Jaime De Althaus criticó la visión de "castigar más fuerte y más fuerte cada vez", y creo que tiene razón en eso. Elevar las penas no hará que de la noche a la mañana los delincuentes dejen de delinquir, como tampoco hará que quienes coimean dejen de coimear -y obviamente bajar las multas lo harán menos-. Elevar las penas en este contexto de fiebre de accidentes de tránsito no puede ser la única medida, aunque probablemete sea efectiva si se refuerza con educación y un cambio en la actitud de algunos malos policías. Por ello no me muestro, de buenas a primeras, en contra del aumento de las multas, aunque esto no asegure su éxito en la disuasión de las terribles malas costumbres que tenemos los peruanos al manejar.


Por último está el pedido de Jaime de subir el porcentaje de alcohol en la sangre. En algunos países como Japón y Rusia se permite CERO gramos de alcohol por litro de sangre, sí CERO. En otros países como dijimos, se permite justamente su tan deseado 0.8. El tema es que se trata de buscar un mínimo que asegure que el promedio de personas se encontrará capacitada para manejar aún habiendo tomando. Por otro lado, podría ser más dura la cosa y establecerse que nadie que tome podrá manejar teniendo un gramo de alcohol por litro de sangre. La idea es minimizar la probablidad de accidentes producto de esta actividad riesgosa. Incluso esta restricción a la libertad de manejar no sería tampoco irrazonable, sino preguntemos en Japón o en Rusia si no existen alternativas para tomar y regresar a casa de forma motorizada.
Por otro lado, es probable que uno pueda asegurar que con un six pack de cerveza en el cuerpo no siente diferencia alguna y que necesita de al menos 4 para sentirse ligeramente picado. Esto aunque parezca broma, puede resultar cierto en algunas personas, pero el punto es que las normas que regulan estas conductas no pueden hacerse a la medida de cada uno de nosotros.
No puede haber un límite exacto dependiendo de las caracterísitcas fisiológicas de cada uno porque esto resultaría esquizofrénicamente costoso de determinar. Por ello se recurren a estas medidas estándar y ciertamente no todos estaremos contentos con ellas, algunos querremos un 0.6 o un 0.7, mientras otros un poquito más, etc. La crítica se vuelve válida cuando el límite que el Estado impone a nuestra libertad es irrazonable o abiertamente injustificado. La tarea de probar esto último respecto al 0.5 de gramos de alcohol por litro de sangre se la dejamos gentilmente al ilustrado Jaimito.

jueves, 5 de marzo de 2009

MAD FER IT!



¿Cuándo es suficiente con el arte?, ¿existe acaso algún momento de éxtasis o de placer máximo después del cual ya no cabe esperar nada mejor? Me resisto a creer que el placer que produce el arte puede tener un momento cúspide después del cual todo lo demás será siempre recordado y comparado en función de aquél. Y me resisto a creer eso porque, como la mayoría de cosas y expresiones de esta vida, lo que puede componer o ser encajado dentro del concepto de arte, son manifestaciones que a la larga reproducen y causan una diversidad casi infinita de emociones, imposibles de clasificar y mucho menos de ordenar jerárquicamente, esto último sin duda un intento suicida inconsciente para aquél que alguna vez lo pretendió.



Pero hoy que leo las noticias y me doy cuenta de que Oasis viene a Lima, me he transformado un poco en el fanático de los 90 que fui y que sigo siendo día a día, aunque un poco menos consciente por cierto. Siento que después del 30 de abril ya no habrá nada mejor, y probablemente sea cierto. Como experiencia musical no habrá otra noche como la del 30 de abril. No porque crea que ninguna canción se podrá comparar jamás con cualquiera de los himnos que Noel le ha legado a la humanidad, sino más bien porque primero, sólo he sido fan de un grupo en toda mi vida; segundo, porque vivo en un país donde hasta hace unos meses todos se hubieran reído si un amigo les contaba que Iron Maiden, Kiss y Oasis estarían en Lima; y tercero, porque ese grupo del que soy fan tocará por primera vez en este olvidado país, en MI país. Esa experiencia, única e irrepetible, será de todas maneras, ese punto de éxtasis máximo del cual espero no bajarme nunca.


El 30 de abril será una mezcla de TODO: principalmente de la música, de los Gallagher, de la actitud en el escenario que le imprime la mejor banda del mundo en vivo, de la mejor voz rockera que nos regala Liam, del feelling que le pone en la baladas Noel, del calor de los fanáticos que no se creerán lo que viven hasta que vean las notas de prensa en los diarios, y sobre todo de mis ansias y mi adicción por el rock colmadas en ese preciso momento en que empiece a sonar Fucking in the bushes.


Después de todo: IT’S JUST ROCK’N ROLL!


lunes, 28 de julio de 2008

La cuenta bancaria

Hay noticias que aunque podamos olvidarlas, son capaces de sacudirnos intempestivamente, dejándonos inmóviles y estupefactos por algunos segundos. Es la recepción que uno hace –muchas veces sin consciencia- de algún hecho o información externa con la que no contábamos y que nos coloca en una posición no deseada o inclusive aborrecible, inundándonos en un mar frío que nos sacude el cuerpo y nos recuerda lo vulnerables que en realidad somos.

Dicha noticia puede ser una ridiculez sumamente trascendental dadas las circunstancias, como el hecho de recibir un jalado cuando tu mayor preocupación era sacar un 19 o un 20; muchas otras veces sin embargo, puede ser realmente una noticia que marque un antes y un después en tu vida: que nació la hija de tal amiga, que fulana de tal se encuentra delicada de salud o inclusive que falleció un familiar. Afortunadamente en este viaje no me tocó enfrentar noticias devastadoras, pero cuando menos sí preocupantes.
Nunca olvidaré el día que saqué el estado de mi cuenta en el banco y vi que solo quedaban 150 euros, no sé qué cara habría puesto pero recuerdo que una de las chicas del banco me ofreció un vaso con agua y de paso algunos segundos de distracción gracias al escote divino que llevaba y que estoy seguro resulta más efectivo para recuperar personas de la depresión que cualquier visita al mismísimo Freud.
Al día siguiente salí a buscar trabajo por Münster. Luego de darse cuenta que uno está en la banca rota es sorprendente como un ser humano puede perder la timidez y mejorar al mismo tiempo su fluidez en lenguas que ni siquiera forman parte de la familia de las lenguas romance. Me pasé toda una tarde entrando y saliendo de restaurantes y cafés, algunos de arranque me dijeron que no buscaban meseros por el momento, otros me dijeron que deje mi teléfono y uno que otro se mostraba más interesado en salir a tomar un café conmigo que en darme trabajo. Fue, en fin, toda una odisea.
Antes de conseguir mi actual trabajo recuerdo haber entrado en la desesperación. Lo peor de todo es que al estar en un país que no es el tuyo y el cual no conoces bien, las ideas que se te vienen para hacer dinero enfrentan la dificultad de adaptarse a normas laborales y normas de orden público un tanto estrictas. Un día, sin embargo, llegó mi compañero de departamento del trabajo y me dijo que se iba a ganar dinero con el negocio del vampirismo. Yo no lo dudé ni un segundo y lo seguí con mi bicicleta hasta la clínica donde él suele vender sangre una vez al mes.
Llené miles de formularios, pasé algunas entrevistas y cuando la vida parecía sonreírme nuevamente, una doctora me llama a su escritorio y me dice que, como lamentablemente en el Perú existen algunas enfermedades contra las que los europeos no han desarrollado anticuerpos, no podía vender mi sangre que, dicho sea de paso, es B negativa, la más difícil de conseguir. Y ya me podían ver sentado en ese escritorio tratando de marketear mi propia sangre: que soy B negativo, que me he vacunado contra tales y cuales enfermedades o que vengo donando para diversas clínicas en Perú desde no sé qué año; pero al final, nada funcionó.
Semanas después conseguí un empleo y aunque chamba es chamba, preferiría convertirme en un donador profesional de sangre antes que seguir aguantando el mal genio del viejito con el que trabajo una hora por las mañanas, y los malos modales de la señora que tengo por jefa.

martes, 1 de julio de 2008

Super Deutscland

Hay pocas cosas que arrojan a los alemanes a las calles. Una de ellas puede ser sin duda la indignación frente a algún acontecimiento local o foráneo, como ocurrió -sin haber llegado a ser una marcha multitudenaria tampoco- en el mes de marzo en señal de respuesta-protesta al escándalo de la evasión tributaria en Liechtenstein. Otra razón, que no necesariamente involucra al hígado, es sin lugar a duda el fútbol.

El fútbol los bota de sus casas a las calles, las plazas, los óvalos y hasta a los puertos. Los más jóvenes bajan de sus bicicletas y prefieren caminar y cantar arengas al Nationalmannschaft, mientras los mayores los acompañan con el claxón del auto y agitan con la otra mano la banderita que cuelga de sus ventanas -ignoro, dicho sea de paso, con cual mano conducen en esos instantes-. Los aun más longevos son inclusive capaces de detener por unos segundos la algarabía de la gente con entradas espectaculares a las plazas; sino miren la foto de esta pareja alemana en su BMW: él con el polo rojo, la bufanda alemana y el casco de protección que no se lo sacó nunca, mientras ella, vestida de española baja de la moto y busca las primeras cervezas. Los dos arrancaron varios aplausos, incluso más que los que recibieron los jugadores alemanes.

El fútbol, en resumen, los desordena por unas pocas horas, ¡ y qué bien les hace el desorden a los alemanes de vez en cuando!. Del fútbol y no solo para el fútbol, les brota el patriotismo que llevan guardado desde hace varias décadas debajo de las camisas y de las blusas por culpa de otros desgraciados. Se diría pues, que durante esos instantes se dan licencia a ellos mismos para gritar que aman a su país y que se sienten orgullosos de ser alemanes. Lo gritan a todo pulmón y de grito en grito se van contagiando los unos a los otros, se van abrazando entre borrachos alegres y desconocidos, sin faltarle el respeto a nadie, ya sea alemán o extranjero, pues hasta para desordenarse mantinen sus límites. El fútbol los libera por unas horas de la injusticia que los llevó a reprimir el amor por su propio país y les devuelve la oportunidad de re-conocer un sentimiento que no tiene por qué ser radical ni extremista, y que en definitiva todavía parece dar sus primeros y cautelosos nuevos pasos.

Conforme muere la tarde del 29 de junio, los alemanes se van reuniendo en alguna plaza de la ciudad para ver en pantalla gigante el partido que esperan ganar, pero de lo cual no están nada confiados; después de todo, los alemanas son alemanes, sumamente razonables y realistas, aún en esos momentos. Ya instalados, empiezan a corear los nombres de los jugadores alemanes, ensayan las barras más conocidas y bromean y toman cerveza mientras esperan con ansias el comienzo de la final de la eurocopa 2008.

El resto de la historia ya todos lo saben. En Münster todos aplaudieron a su selección luego del partido, se terminaron de tomar sus cervezas y se fueron a sus casas apenados pero no tristes. Yo durante todo el partido intentaba divisar a Paco, un amigo español que hice hace poco y que se ha venido a vivir con su novia recién desde la semana pasada. Luego de algunos minutos de que acabara el partido ví a Paco: lo estaban felicitando los alemanes y él respondía sin poder disimular la excesiva alegría y su excesiva sed. Nadie le buscó bronca a Paco, nadie le insultó ni nadie le miró feo; bueno, tal vez solo las amigas de Katrin después de que éste las bromeara cachosamente.

Se ha terminado la eurocopa y con ella el desorden sano. Ignoro cuando volveré a ver a la gente como la ví de alegre y eufórica por las calles durante las semanas pasadas. Ignoro también cuándo estaré así de calmo cuando Perú pierda una vez más o cuándo diré, "bien jugado, no importa que hayan perdido, igual estuvimos en la final". Por ahora lo único que veremos los peruanos será el final de la tabla de clasificaciones al mundial, y qué amarga se hace la vida cuando el fútbol te da la espalda teniendo la posibilidad de jugar mejor.

domingo, 15 de junio de 2008

¿El eterno país de los unos y los otros?

La primera vez que vi a Simon fue un miércoles de mayo en un café de Münster ubicado en una de las calles empedradas que desemboca en la plaza principal de la ciudad. Aquel día todos los amigos de mi novia estaban afuera –entiéndase, en las bancas- tomando café y disfrutando de los primeros rayos de sol que ofrecía el 2008. Ni bien me acerqué a saludarlo me pude dar cuenta que aquél era el novio austríaco de Miriam (una amiga nuestra, mitad peruana- mitad alemana) que había estado en Perú por un año; no fue difícil llegar a esa conclusión pues llevaba un polo amarillo –diseñado por él mismo- estampado con la Estela Raymondi. Ese mismo fin de semana hubo una reunión en la casa de una de las amigas de Katrin, Anne estaba estrenando nueva casa –un depa en el que desde hace unos meses vive con su novio- y eso es motivo suficiente, en esta parte del mundo, para invitar al grupo de amigos y tomarse unas cervezas. En aquella reunión pude conversar nuevamente con Simon. Le pedí que fuese franco respecto a cómo le había parecido mi país y me dijo que le había encantado. Sé que fue sincero porque si bien rescató algunas cosas positivas no dudó en decirme que la inseguridad es un problema que no lo dejaba vivir tranquilo ni disfrutar sin miedo las posibilidades que le daba el Perú, o que tampoco le gustaba ese afán de algunos limeños por “demostrar” las comodidades materiales con las que cuentan, o que le chocó tremendamente la discriminación que existía entre peruanos y tal vez aún peor, la indiferencia hacía el mundo indígena.

Simon estudia arte en uno de los países más ricos de toda Europa. Austría su país, le garantiza la satisfacción de derechos sociales con los que millones de peruanos ni siquiera sueñan, y si bien sabe que tiene un futuro más o menos asegurado en el sentido que la idea de pasar penurias económicas le resulta inconcebible, Simón está dispuesto a dejar ese “paraíso” para irse a vivir al Perú. Así es, Simon se ha enamorado de un país o mejor dicho, de un país-reto. Lo suyo es el arte y sabe que eso a lo que nosotros los limeños llamamos “artesanía”, esconde técnicas ancestrales altamente valoradas por las universidades europeas que han puesto el ojo en el arte poco valorado por los peruanos mismos. Su propósito es contribuir desde su esquina –el arte- con el desarrollo de los menos favorecidos: de aquellas personas que son las menos valoradas, las menos escuchadas y/o las menos vistas, pero al mismo tiempo, las más interesantes. Esta idea de que los perdedores de la historia no solo tienen el derecho a ser escuchados, sino que además y paradójicamente son los que cosas más interesantes tienen que contar es algo que se lo escuché a Eduardo Galeano en una entrevista que le hicieran hace algún tiempo, y en la cual, confesó su sana envidia por países como Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú por ser países con un alto porcentaje de población indígena, memoria viva de su historia.
Hoy me he acordado de Simon porque después de mucho tiempo y debido a que en otro medio había escuchado un nueva perla de Aldo Mariátegui, hoy revisé su columna en el Correo. Lo trágico en esta ocasión no resultan sus comentarios –y no digo análisis político porque esta palabra resulta una camiseta que pesa mucho para este señor- sino el comentario de un incauto lector de aquel diario que Aldo Mariátegui reproduce; aquella persona dice: “El censo demuestra que cada vez son menos las personas que viven en los guetos serranos llamados comunidades campesinas. Cada vez hay más seres humanos que optan por occidentalizarse y dejar esa arcaica e indigna forma de sociedad, que por la gracia de los izquierdistas se pretende eternizar en pleno siglo XXI (…)La tarea debe resumirse en occidentalizar de modo urgente a esa población”.
Después de todo, me he dado cuenta que uno puede aprender mucho acerca de los defectos de su propia sociedad estando inclusive en el extranjero, como es mi caso. En mi país no solo hay porta voces de la globalización más radical y arrasadora, sino que hay periodistas que se supone han sido educados y que sin embargo reproducen en medios masivos muestras de intolerancia y de un "mesianismo cultural" tan ridículo como peligroso, tal y como lo demuestra el comentario que acabo de citar en el párrafo último. El mío es pues un país para enamorarse, como lo ha experimentado Simon, pero es cierto también que es un país profundamente dividido donde los unos ignoran a los otros, si tienen suerte; porque si no la tienen, los unos se imponen sobre los otros.

Nota: sigo contando los días que lleva José Carlos, su abuelo, conteniendo las ganas de levantarse de su tumba para pegarle a su nieto.

miércoles, 28 de mayo de 2008

El problema de los campesinos alemanes y el futuro de los productores de leche en europa

Hoy leí un artículo en la versión en línea del semanario "die Zeit" -uno de los más prestigiosos de Alemania-, acerca del problema de los campesinos lecheros. Si bien el artículo resulta muy general para poder comprender la situación actual de los productores de leche y el verdadero problema social, resulta interesante porque explica -brevemente- la protección que estarían a punto de perder los campesinos europeos y el nuevo mercado que se podría abrir para productores de todo el mundo. A continuación paso la versión en español de dicho artículo, la cual traduje en mis ratos de aburrimiento frente a la tormenta y los rayos que decoraron la tarde de hoy, el paisaje de Münster.
Los campesinos alemanes mantienen su huelga con éxito. Han dejado sin palabras al Gremio de Industrias Lecheras en el segundo día del boicot al suministro de leche. “Existe una disparidad norte-sur, cuanto más al sur, más grande se hacen las pérdidas”, dijo el miércoles el vocero del Gremio de Productores de Leche, y el Gremio Federal Alemán de ganado vacuno celebra desde ya los atractivos precios en el mercado spot.

Mientras los productores de leche se alegran y esperan recibir la ayuda de países europeos (al parecer la llamada de auxilio ha encontrado eco en gremios de campesinos productores de leche de Holanda, Suiza, Austria, Bélgica, Luxemburgo y parte de Francia), el comercio de leche no se hace todavía la idea de refrigeradoras vacías.
Oficialmente, la industria lechera se preocupa todavía poco por el boicot al abastecimiento de leche. “Los contratos entre la industria lechera y los comerciantes ya están cerrados y no se pueden romper”, dijo el vocero del Gremio de la economía lechera privada. El precio de 43 céntimos por litro de leche demandado por los campesinos no es justo en términos de mercado.
Eso, por supuesto, lo ven los campesinos alemanes totalmente de otra forma. Alrededor del globo los precios de los alimentos básicos suben, en el tercer mundo estallan revueltas por hambrunas, sin embargo quien produce leche debe aceptar actualmente una caída inaudita en el precio de ese producto, toda vez que los compradores de leche ofrecen menos de 30 céntimos por litro. Pequeños campesinos en inhóspitas regiones apenas pueden producir debido a eso.
Este fenómeno está relacionado hasta cierto punto con el alza de los precios de los alimentos básicos en la medida en que junto con el alza del cereal aumentan los costos de diversos alimentos para animales. Además, hoy en día la energía se vuelve cada vez más cara. Así, el Gremio de campesinos ya advirtió que un número considerable de agricultores tendrían que abandonar sus granjas pronto –si nada cambia-.
Un año atrás la situación se veía totalmente diferente en el establo de las vacas. En aquél entonces los productores de leche alemanes disfrutaban repentinamente del capitalismo, se sentían los engreídos del mercado mundial. El precio del litro de leche subió en aquél momento tan alto como nunca antes.
Fuerte fueron las quejas sobre la cuota de leche con la que, desde hace años, la Unión Europea limita la producción de leche de los países europeos, con el propósito de que nunca más hubiera un “mar” de leche. Muchos campesinos protestaron en ese entonces contra ese paternalismo de Bruselas. Ellos preferían producir lo que rindiesen las ubres de sus vacas.
La creciente demanda por leche en polvo ha despertado la competencia en el extranjero. Esta competencia, en contra de las reglas del mercado, ha generado que ahora se produzca más, y en consecuencia, el precio de la leche ha caído. En Alemania la situación se acentúa desde luego aún más a través de dos factores. En primer lugar preocupa la fuerza del poder de la demanda de la cadena alimenticia por presiones complementarias. Aldi –conocido supermercado alemán- y compañía pueden empujar a sus proveedores bastante rápido y masivamente hacia el borde de la escala de precios. A fin de cuentas, a ellos les quedan pocas alternativas pues la leche se descompone rápido y la competencia es grande. En segundo lugar preocupa la reforma del mercado agrario de la unión europea y sus futuras presiones.
Hasta la fecha los campesinos europeos eran protegidos a través de cuotas contra precios bajos. Cada agricultor podía producir tanta leche como su cuota lo permitía. Con eso la Comisión Europea se preocupaba porque la cantidad de leche quedase baja (en promedio) y con eso los precios, también en promedio, quedarían altos.
Estos privilegios resultan caros para los consumidores. Según la voluntad de la mayoría de los gobiernos europeos este privilegio quedaría válido máximo hasta el 2015. Por esa razón la Unión Europea recorta cada vez más y más el monto límite de producción. Esto significa que se producirá más leche y el precio bajará. Al final de esta reforma los campesinos europeos productores de leche deberán resistir la competencia del mercado mundial y por lo tanto o producirán más barato o se retirarán del negocio.

domingo, 18 de mayo de 2008

Las estatuas

Hay personas que formando parte del paisaje
son capturadas por el lente del turista,
al momento que descubre su propia aldea.


Son estatuas que se mueven y hasta hablan.
Que carraspean viejas y conocidas quejas,
mientras en el piso arrastran el futuro con el que nacieron.


Suelen esconderlas al interior de los mercados;
de aquellos cuyo piso no es parejo para nadie
y cuyo techo al descubierto,
las deja atadas al sol que las enmudece.


En el centro de las plazas son dejadas caminar.
Y las estatuas que aprovechan cada trago de libertad,
tejen a su antojo un nuevo idioma con el que pintan el paisaje
del que esperan algún día ya no formar parte.